Vidas Paralelas

Un espejo siempre ofrece una imagen inversa a la que realmente existe. Es tan y tan perfecta que podría confundirse con la realidad.

La humanidad ha vivido toda su historia mirándose en espejos que no les decían toda la verdad, sino una verdad invertida. Si tu tupé va hacia la izquierda… la realidad es que irá a la derecha, y aunque sea así, es la imagen más fiel que encontrarás de ti en cuestión no sólo de forma y volumen, también en tono y color.

Estamos tan y tan acostumbrados a ver nuestro yo inverso que mucha gente no repara en ello y lo da como bueno, luego vienen las fotografías o el vídeo y te muestran la cruda realidad. Siempre he estado convencido que una gran cantidad de personas no se gustan cuando salen en las fotografías por este motivo, porque la imagen que perciben de sí mismas es aquella que les devuelve su espejo.

Espejito... espejito...

Lo más curioso de este tipo de efecto es que aunque es relativamente sencillo de realizar posee un halo de misterio porque abre una puerta a un universo paralelo que crea un alto contenido de simetrías. En ellas se pueden apreciar más o menos cosas según la sugestión y fantasía del observador. Pero cuando el lado derecho del cerebro se pone a funcionar a pleno rendimiento y entra en juego la pareidolia podremos ver rostros más o menos amables, formas orgánicas, perspectivas infinitas y contraposiciones imposibles.

Una vez más, no es tan importante lo que tenemos delante sino lo que obtiene de nosotros.


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